Hoy viernes 17 de abril, Chavela Vargas cumple noventa años.
Quizás la solista nacida en Costa Rica de mayor relevancia en la escena musical internacional, pasó por el mismo calvario que tantos otros en la historia cultural de nuestro país: el rechazo de nuestros sectores hegemónicos.
Como tantos otros, debió migrar y construir su espacio en otras latitudes. En su caso México la albergó, y allá construyó su carrera, allá la destruyó y allá la hizo renacer.
Allá encontró los amores que le fueron vedados aquí, allá los cómplices que acá no tuvo, allá la compañía que se le ocultó acá; pero allá también la soledad de volver a quedar sola...
Chavela sin embargo, del mismo modo en que siendo quinceañera se amarró sus pantalones -sí, sus pantalones, no sus enaguas- para partir de acá; a sus setenta y resto se los volvió a amarrar y se enfundó su sarape para demostrarle al mundo que no estaba acabada, sino que podía salir de su borrachera y reconquistar los escenarios que fueron una vez suyos... y lo hizo, y conquistó además los escenarios a los que joven no había llegado.
Cuando ya cursaba los años en que nada se tiene que perder, Chavela se reinventó a sí misma, desenfadada, desbocada, reivindicando su orientación sexual, reivindicando la música popular, reivindicando la rebeldía que no ha perdido a sus noventa...
Intérprete consumada de la música llorada en nuestra América, su figura llenó teatros y pantallas de cine, como uno más de esos raros especímenes almodovarianos que tanto dicen.
De Chavela es mucho lo que se puede decir, pero más lo que se debe oír, por ello dejemos que sea ella la que cante una de sus interpretaciones más representativas, de Agustín Lara, Piensa en mí.